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Deseos

Los deseos humanos no tienen límite. Por un lado, está el deseo primordial de vivir. También el deseo de comer, el ansia material de tener posesiones y la búsqueda psicológica de reconocimiento. Sin deseos, la vida es inviable. Estos a menudo generan la energía que nos impulsa a avanzar y a mejorarnos. La cuestión clave es cómo dirigir el deseo humano.
[La sabiduría del «Sutra del loto»]

La iluminación del Buda no consiste en «extinguir» los deseos terrenales, sino en infundirles sabiduría y amor altruista. Es cuestión de transformar el río turbio de los deseos mundanos, el karma y el sufrimiento en una corriente pura de sabiduría y de benevolencia. Quienes logran esta transformación poseen un estado de vida perfectamente sereno y tranquilo, que no se deja perturbar por las ansias; al mismo tiempo, su vida irradia un dinamismo vigoroso. Este estado de vida se asemeja a un océano. Aunque haya vientos que agiten su superficie, en lo profundo las aguas son calmas y serenas.
[La sabiduría del «Sutra del loto»]

Nacemos con muchos deseos instintivos, incluido el más vital, que no es otro que el deseo fundamental de vivir... Los deseos son necesarios para el mantenimiento de la vida humana, y en ese sentido nos benefician. Pero dedicarse a su simple persecución sin un propósito superior significa convertirse en un esclavo de las apetencias, y ello solamente nos conducirá a nuestra desgracia y a la de los demás.
[Ikeda Daisaku Zenshu (Obras completas de Daisaku Ikeda), volumen 9]

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